Blogadización

El ojetivo d este blog es poder conocer y manejar las posibilidades que nos permite este medio. Y ya q estabamos hablar de un tema q no es d acceso inmediato, como la economía d las misiones jesuíticas. También podríamos haber hablado d la coleccion d tuberculos del cabezón Dualde pero no quiso abrirnos la puerta de su mansión y dos matones empezaron a corrernos hasta que un cura nos dio asilo en la iglesía y nos contó como salvaban a los indios que eran perseguidos por los colonizadores

Friday, November 17, 2006

Maratón de posteos

Después de la quinta noche sin dormir por no parar de buscar información (tenían razón los profesores cuando nos dijeron que no era un tema de fácil acceso ¡qué locos! ¿No?)), ya estábamos hartos de encontrar fuentes religiosas que sólo hablaban de lo bueno que eran los curas jesuitas, y de lo bien que trataban a los indios y de que los invitaban a dar vueltas por la plaza y tomar helado (cuando leímos eso no estábamos en el 100% de nuestras capacidades, capas que lo de los helados fue pura imaginación). Se nos presentó el texto de Alfonso Prado, que si bien dice que los jesuitas eran la mejor opción, frente a los colonizadores esclavistas ávido de acrecentar sus riquezas a través de la explotación inhumana de los indios, el fin último no era tan inocente como lo querían hacer ver.
Áca podemos retomar a prado, pero me parece mejor que hable él que la tiene más clara que nosotros, con el tema de los jesuitas.

CONQUISTA UTÓPICA O UTOPÍA DE LA CONQUISTA

Desde esta perspctiva, el intento español de implantar un nuevo orden social en los territorios conquistandos es, y vale la pena recalcarlo, un fenómeno original en la historia de las invasiones territoriales, y uno de los aspectos más significativos de la Conquista de América.

Históricamente, en una invasión que se precie, el Imperio impone, en la medida de su capacidad y del consentimiento de los afectados, sus patrones culturales al pueblo conquistado.

Paralelamente a la ocupación territorial del continente americano los invasores peninsulares intentaron desarrollar una serie de modelos sociales y urbanos originales respecto a los europeos.

América se convirtió en una especie de campo de experimentación donde aplicar las nuevas teorías sociales, económicas y urbanas que a la sazón se planteaban en Europa, y que por diversos motivos no se podían, o no se querían, implantar en el propio continente.


Sin duda, el intento por hacer realidad los sueños utópicos de clérigos y seglares europeos no se puede desligar de la profunda transformación social, económica e intelectual que generó en la época la cultura humanista.


Paradigmático de esta situación fue el caso las reducciones o misiones que los jesuitas establecieron entre los amerindios, principalmente guaraníes, en territorios que hoy pertenecen a países como Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil, y que concentraron la atención de bastantes pensadores de ambos lados del Atlántico.



LECTURA UTÓPICA DE LAS MISIONES JESUITAS


En última instancia, el modelo utópico elegido dependía de la filosofía y las intenciones del autor, por lo tanto, el abanico de referencias es amplio: van desde sociedades ideales teocráticas. La ciudad de Dios de San Agustín, a otras de carácter más secular. La utopía de Tomás Moro.


Entre los textos utópicos y las misiones jesuitas, las similitudes más señaladas por estos autores conciernen, principalmente, a la estructura social:
o Unidad étnica y cultural; una sola raza, una sola religión, un sólo idioma.
o Educación general obligatoria, sin discriminación de sexos (impensable en la Europa del momento) y con gran importancia de las artes en la enseñanza.
o Inexistencia de dinero y de propiedad privada; estructura social asimilada al cristianismo primitivo o socialismo cristiano pregonado por Erasmo o a la comunidad de bienes de la mayoría de las sociedades utópicas.
o Exaltación de la simplicidad de la vida natural.
o Conducta ética intachable y voluntaria; ausencia de disputas, matrimonio monógamo ...
o Gestión comunal a cargo del consejo de ancianos.
o Jornada de trabajo de seis horas obligatoria y domingos dedicados al Señor.

En muchos casos estas comparaciones eran fruto de una visión parcial e idealista de una realidad bastante más compleja y menos paradisíaca de lo que los bienintencionados humanistas europeos deseaban.

La comunidad de bienes era una imposición de los sacerdotes como, también, era forzosa la leva, el matrimonio monógamo y el trabajo para la comunidad, y eran los jesuitas quienes disponían de los excedentes de bienes; etc.

Además, todo ello dominado por una actitud paternalista y protectora de la clase sacerdotal que dejaba poco margen a la autogestión y a la libertad personal.

En favor de los jesuitas se podría señalar que en las misiones los naturales encontraron una de las mejores condiciones de vida y trabajo que los invasores dieron a los invadidos en América.

No en vano Félix de Azara, hacia finales del siglo XVIII comenta: "Hay alguna razón para creer que estos famosos pueblos jesuíticos debieron su formación más al miedo que los portugueses inspiraban a los indios que al talento persuasivo de los jesuitas".

PRINCIPIOS UTÓPICOS DE LA ESTRUCTURA URBANA DE LAS MISIONES


Si bien, no parece existir una relación directa entre la forma de las misiones y la de las ciudades utópicas, la observación de Martínez Díaz se puede considerar válida desde una perspectiva teórica, debido a que en la disposición de espacial y en el funcionamiento urbano de las misiones se materializan muchos de los principios urbanos y arquitectónicos comunes a las ciudades utópicas:

o Localización lejos del mar y del contacto con otras culturas, en lugares elevados, saludables, con buenos vientos y fuentes de agua limpia, muros perimetrales sin fines bélicos y puertas sin cerraduras, tierras de cultivo aledañas ...
o Homogeneidad de las leyes urbanas y arquitectónicas: distribución homogénea y apriorística de los edificios en el espacio, universalidad tipológica y métrica: una sola medida como base de todas las casas, materiales comunes, calles de anchura uniforme, barrios divididos proporcionalmente ...
o Prefabricación basada en la racionalidad y economía.
o Relación inequívoca entre forma y función; tipologías constructivas según uso y actividad.
o Centralidad jerarquizada del espacio urbano, representado por la plaza y dominado por la Iglesia.
o Número de ciudadanos limitados y sistema de asentamientos interconectados.
o Ausencia de ornamentación; arquitectura austera pero confortable.
o Arquitectura adecuada a las condiciones del lugar; materiales de la zona, aceras elevadas y porticadas, buenas ventilaciones ...

Lo que situaría nuestra discusión y su argumentación en otro plano. Sin embargo, lo que es original y parece claro en el caso analizado, es que en los principios urbanos y arquitectónicos formalizados en las reducciones jesuitas, muchos bienintencionados europeos, imbuidos en la visión utópica de un mundo mejor formulada por el humanismo y por el estimulo de una tierra virgen de ordenanzas, vieron realizado el sueño de materializar la sociedad y la ciudad ideal.

Cabe señalar, esos sí, que gran parte de las intenciones que subyacen en los principios urbanos señalados, se vieron alterados en su significación última por la imposición dominante del poder eclesiástico en las misiones.



Dicen las malas lenguas que con este escudo los jesuítas marcaban a los indio que pertenecían a su reduccion.

1 Comments:

Blogger DML said...

"Locos"... sí, "locos", que "locos", ¿no?

7:27 PM  

Post a Comment

<< Home